Un brusco y punzante dolor de cabeza la obligó a recurrir al Hospital Padilla en busca de alivio. Florencia Martínez, de 18 años y embarazada de ocho meses, llegó a la guardia en compañía de su madre Norma Correa. De inmediato la sospecha clínica fue confirmada con una tomografía: presentaba un ACV agudo (hemorragia subaracnoidea producida por la rotura de un aneurisma cerebral), lo que ponía en riesgo su vida y la de su bebé.
Maratónica jornada
Después del diagnóstico y por su condición crítica (el Padilla no tiene servicio de Neonatología ni de Obstetricia) fue derivada al Sanatorio 9 de Julio. El caso era complicado de por sí y se tornó más grave “por el inadecuado control prenatal”, aclaró el doctor Carlos Pesa, gerente del sanatorio. La recibió y la atendió un equipo multidisciplinario. Apenas llegó, el neurointervencionista doctor Julio Fernández por vía endovascular y con anestesia total le cerró el aneurisma roto. Ante la previsibilidad de que el cuadro se complicara aún más, junto al doctor Fernández ingresaron a la sala de Hemodinamia los equipos de Obstetricia y Neonatología
Mientras el neurocirujano se ocupaba de lo suyo, los demás médicos seguían de cerca el estado de la paciente y del feto. Todos estaban listos para actuar. Apenas detectaron una brusca disminución de la frecuencia cardíaca fetal -situación de gravísimo riesgo- realizaron la cesárea en la misma sala de Hemodinamia y sacaron al recién nacido en estado de depresión cardiorrespiratoria, por lo que tuvo que recibir asistencia respiratoria mecánica. A pesar de la prematurez, la beba evolucionó muy bien y la desconectaron del respirador a las 48 horas.
“La mujer está lúcida, con parámetros normales, tuvo buena evolución aunque está sufriendo estrés postraumático y amnesia temporal. Su enfermedad es grave y por eso seguirá con tratamiento farmacológico intensivo”, precisó el doctor Facundo Rigo, coordinador médico de la guardia de Terapia Intensiva.
De vuelta a casa
Esta urgencia tuvo un final feliz: salvaron a la madre y a su hijita Jaqueline Milagros. Ambas se restablecieron en terapia intensiva, primero, y en una sala común después. Ya regresaron a su casa en compañía del esposo de Florencia y padre de la bebé, Rolando Aguirre, de 21 años que trabaja en la construcción. “Es una bendición tenerlas vivas y conmigo a las dos”, atinó a decir el joven papá que las cuidó día y noche.
Hubo equipo
Además del doctor Fernández atendieron a Florencia los neurocirujanos doctores Rodolfo Nella y Álvaro Campero, Alberto Roqué (cirujano obstetra), Eduardo Barrionuevo (ayudante), Norma Mortarotti (neonatóloga), Stefanía González (ayudante), Sergio Vigiani (anestesiólogo), Mariela Gómez (terapista intensiva), Sebastián Santillán (auxiliar de hemodinamia) y Franco Soria (instrumentador).